La alineación del solsticio de invierno en la ermita de San Bartolomé de Ucero

El invierno comenzará mañana lunes 22 de diciembre de 2014 a las 0h 3m, hora oficial peninsular, según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional. Esta estación durará 88 días y 23 horas, y terminará el 20 de marzo de 2015 con el comienzo de la primavera. Durante el invierno, los planetas Venus y Marte serán fácilmente visibles mirando hacia el oeste tras la puesta de Sol, y Saturno se verá hacia el sur-este antes del amanecer. Júpiter será visible entrada la noche, y el 6 de febrero estará en oposición, momento en el que alcanzará su máximo brillo anual y saldrá por el este en el momento en que el Sol se ponga por el oeste. El inicio de las estaciones viene determinado por los instantes en que la Tierra se encuentra en unas determinadas posiciones en su órbita alrededor del Sol. En el caso del invierno, esta posición se da en el punto de la eclíptica en el que el Sol alcanza su posición más austral. El día en que esto sucede, el Sol alcanza su máxima declinación Sur (-23º 27') y durante varios días su altura máxima al mediodía, la menor en todo el año.

En la antigüedad clásica, los templos estaban dispuestos con la puerta de entrada hacia el Este, de forma que, con la salida del Sol, los rayos de luz iluminaran la estatua del dios custodiada al fondo del santuario. Con la llegada del cristianismo, las primeras iglesias continuaron esta tradición, aunque tras el Concilio de Nicea se estableció que fuese la cabecera la que debía orientarse a la salida del Sol; de este modo, cuando iniciaba su ascenso, los rayos solares entraban a través del ábside iluminando el altar, una imagen del Mesías, origen de la luz que anuncia el nuevo día; por eso el Oriente ha sido considerado desde antiguo una imagen de Cristo, «la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo». Sin embargo, en muchas iglesias y catedrales medievales no es exactamente así, y la cabecera se encuentra desplazada unos grados hacia el Nordeste, como sucede con la catedral de Mallora, cuya cabecera apunta inexplicablemente al Sureste.

 

Orientación de la catedral de Mallorca y efemérides solar del 22 de diciembre

 

La orientación sureste de la catedral de Mallorca permite que los rayos solares del solsticio de invierno que entran por el óculo de la Capilla de la Trinidad, situado a levante, atraviesen la nave mayor hasta proyectarse durante unos minutos en los muros de poniente formando un colorido caleidoscopio antes de salir por el rosetón a poniente. La desviación respecto al eje natural Este-Oeste es precisamente las que nos revelan las claves astronómicas que fueron incorporadas en la construcción de la catedral para rendir homenaje al astro rey. Esto es posible porque la ubicación geográfica así lo permite, algo que no pasó desapercibido para los constructores quienes aprovecharon los primeros rayos solares del solsticio de invierno, cuando el Sol asoma por el horizonte en el mar, para concebir la catedral como un reloj astronómico que cada año señala el comienzo de la nueva estación. Sin montañas ni otros accidentes geográficos que lo impidan el maestro arquitecto pudo orientar la cabecera de la catedral de forma que el haz solar atravesara de punta a punta la nave mayor.


 

No creemos que se trate de una cuestión menor. La operación de la orientación de un recinto sagrado era un ritual que tenía un profundo significado para aquellos maestros de la piedra de la Edad Media, pues era una forma de vincular el templo al cosmos y sus ciclos y ritmos temporales. Como escribe María Cecilia Tomasini, en referencia a las técnicas empleadas en la construcción de los templos hindúes, existían expresiones matemáticas para calcular el día propicio para el inicio de la edificación. En las ecuaciones ingresaban números que simbolizaban las orientaciones cardinales, los planetas, los signos zodiacales y la duración del mes, la semana y el año.

La orientación de la ermita de San Bartolomé de Ucero en el cañón del río Lobos, provincia de Soria, que para algunos investigadores fue construida bajo el patrocinio de la Orden del Temple, tampoco sigue la orientación clásica Este-Oeste. El eje longitudinal de la nave mayor está desviado entre 22 y 23 grados hacia el Noreste.

   
 

 

Orientación según SIGPAC y plano azimutal en los equinoccios y solsticios.

 

Por los trabajos de Alejandro Aylagas sabíamos que la tradición de los pueblos cercanos a la ermita se refiere a un particular efecto de luz. Según algunos testimonios relatados por los más ancianos del lugar, los rayos solares que atraviesan el rosetón meridional del transepto iluminan una losa donde hay un bajorrelieve en forma de cruz patada algunos días del año. Con el ánimo de aclarar si había algo de cierto en las historias que se cuentan sobre la losa de la salud, iniciamos un trabajo de campo para verificar, si teóricamente, la alineación a la que se refiere la tradición, puede llegar a producirse. Los resultados del estudio indican que así es. Los rayos solares que atraviesan el rosetón acorazonado del transepto meridional iluminan una losa en forma de cruz patada, conocida por las gentes del lugar como la «piedra de la salud», que estaría colocada en el mismo lugar donde la depositaron los constructores para señalar precisamente el solsticio de invierno; una ubicación que no fue alterada durante las reformas que se acometieron a finales del siglo XIX. 

Entre las 11:30 y las 11:35 AM (10:18 y 10:22 AM hora solar) del día 22 de diciembre del año 2014, el Sol se situará sobre el trópico de Capricornio con una declinación de 20,91º, coincidiendo con el ángulo de elevación que hemos determinado para el óculo acorazonado, iluminando la losa de la salud colocada en el suelo de la capilla de la Virgen de la Salud. Los haces de luz entrante se proyectan formando un disco luminoso que se sitúa sobre la cruz patada señalando con la precisión de un reloj el solsticio de invierno.

 

Planimetría y proyección de los rayos solares en el solsticio de invierno según el TPE.

 

Según la reconstrucción del rosetón y los cálculos que hemos realizado el disco solar que proyecta el rosetón acorazonado el día del solsticio de invierno sobre el suelo del transepto traza una elipse de 1,133 metros de eje mayor, con centro a una distancia de 13,330 metros desde la pared interior. Estos cálculos han sido validados por Francisco Fons Laguna, buen conocedor de los métodos basados en el gnomon para la orientación de los edificios, quien ha colaborado con nosotros en el estudio de los juegos de luces de este enclave soriano.

 

Reconstrucción del perfil del rosetón e incidencia de los rayos solares el 21 de diciembre.

 

A día de hoy aún no hemos conseguido los permisos que nos permitan acceder a la ermita en estas fechas para verificar con imágenes lo que revelan los cálculos. De tener la confirmación de este efecto de luz podríamos valorar el significado del culto al Sol en el contexto de este enclave soriano, que habría condicionado no sólo la orientación del templo sino también el alzado del transepto, y la ubicación del rosetón meridional y la losa de la salud. Si la losa de la salud es realmente un marcador astronómico que señala el solsticio de invierno, es evidente que la localización de la ermita, rodeada en gran parte de su perímetro por enormes cantiles; la planta en cruz latina y la disposición de las entradas de luz determinaron la orientación y la consiguiente ubicación de los puntos de luz que iluminan el interior del templo. Estamos convencidos de que el efecto se produce tal y como se desprende de la reconstrucción del alzado, el perfil del rosetón y los cálculos astronómicos correspondientes; el testimonio de que en el siglo XIII seguía vigente la antigua tradición constructiva cuyos orígenes se encuentran en las celebraciones de los collegia romanos.

Jano, el dios etrusco de la astronomía y la arquitectura, es el guardián de las puertas solsticiales: el solsticio de verano (Janua coeli) y el solsticio de invierno (Janua inferni), que se corresponden a su vez con los Misterios Mayores y los Misterios Menores, pues Jano era también el dios de la iniciación. Jano presidía las celebraciones de los collegia romanos, que eran las asociaciones de constructores. En su honor se celebraban en Roma las dos fiestas solsticiales, correspondientes a la apertura de las dos mitades ascendente y descendente del ciclo anual solar. Jano o Ianus, que dio su nombre al mes de enero (ianuarius), suele ser representado sosteniendo una llave de oro y otra de plata en cada mano, a veces con una llave y un cetro, simbolizando así la unión de los poderes sacerdotales y reales; y las dos iniciaciones, la de los Misterios Menores y la de los Misterios Mayores. El cristianismo asimiló esta tradición, identificando a Jano con los dos Juanes, el Evangelista y el Bautista, con los solsticios de invierno y verano respectivamente. Es fácil deducir que las llaves de Jano son en realidad las mismas que, según la tradición cristiana, abren y cierran el "Reino de los cielos".

 

Detalle de un tapiz de La Seo de Zaragoza de la serie "Los meses" donde aparece representado el dios Jano, tal y como era usual, con los dos rostros opuestos, el de un anciano y el de un joven, sosteniendo en la mano derecha dos llaves; una de oro y otra de plata, con las que abre las dos puertas solsticiales y, en la izquierda, el ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, como representación de los ciclos cósmicos y del carácter de unión sagrada entre lo celeste y lo terrestre.

 

Al igual que sucede con el conocimiento relacionado con el simbolismo del número y de las proporciones, la orientación de los templos cristianos fue heredada de los antiguos constructores. Tenía ya gran importancia entre egipcios, griegos y romanos. El ritual de orientación de un edificio, indisolublemente unido al de fundación, establece una vinculación fundamental del templo con el cosmos, transformando el recinto en un Axis Mundi; de ahí la gran importancia del momento que determina la dirección del eje longitudinal de la nave mayor y, como consecuencia, del resto de líneas de proyección, condicionadas por este primer movimiento; una operación donde se conjugan las formas del templo y los fenómenos celestes.

En la tradición de la arquitectura sagrada, nada queda dispuesto al azar; cada elemento, cada pequeño detalle, tiene un significado que no puede ser desvinculado del esquema subyacente que garantiza el orden y la armonía de todo el conjunto, y que incorpora como base para el desarrollo técnico, la ciencia de los números, el campo ideal de las formas y la observación de los fenómenos de la naturaleza. Los conocimientos del maestro arquitecto son de orden científico y su obra testimonio del conjunto de saberes que son necesarios para construir una edificación. Los principios teóricos que aseguran la disposición orgánica de estos espacios, donde “ars imitatur naturam in sua operatione”, establecen un vínculo entre el mundo terrenal y el mundo de las ideas del que se desprende un valioso mapa de conocimientos.

Según la tradición, cuando la estrella pentalfa apunta hacia abajo, como sucede en los rosetones de la ermita de San Bartolomé de Ucero, simboliza el solsticio de invierno, lo que corrobora la proyección de los rayos solares sobre el suelo del transepto según la dirección del eje longitudinal alrededor del 21 de diciembre. La estrella de cinco puntas ha sido una figura muy apreciada desde que los pitagóricos la adoptaran como símbolo de reconocimiento por sus propiedades geométricas vinculadas a la sección áurea que, como hoy sabemos, aparece en muchos procesos de la Naturaleza relacionados con el crecimiento.

 

Estudio de la geometría del rosetón pentalfa de la ermita de San Bartolomé de Ucero realizado por Antonio Hernández para el proyecto SIGNO.

 

 

Para más información:

 

© Rafael Fuster Ruiz y Jordi Aguadé Torrell

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