Las marcas de cantería en el contexto de la arquitecura medieval

Tras el análisis de la orientación de la ermita de San Bartolomé de Ucero, que nos permitió descubrir la naturaleza astronómica del mensaje que habría sido preservado en una singular marca de cantería, creció nuestro interés por estos signos labrados en los muros de los templos medievales. Sabemos que los canteros tallaban en los sillares marcas que servían para identificar su trabajo. 

A pesar de que existen multitud de teorías sobre el significado de estos signos labrados en la piedra de los templos medievales, existen suficiente evidencias, con independencia de las interpretaciones simbólicas, de que se trata de un lenguaje ante todo de orden geométrico, cuya lectura puede aportar información sobre los principios de la Geometría Fabrorum que, al fin y al cabo, era la auténtica fuente de conocimientos de aquellos maestros de la escuadra y el compás. A este grupo de marcas de cantero las hemos denominado "marcas de trazado", en tanto sus proporciones son notables y guardan ciertas semejanzas con las trazas de los templo donde se encuentran grabadas.

 


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Mensajes ocultos en signos grabados en la piedra

 

A point in the Circle,

And which sits in the Square and in the Triangle,

Do you know the point? Then all is right,

Don’t you know it? Then all is vain!

 

Tras el estudio de la orientación de la ermita románica de San Bartolomé del río Lobos, que nos llevó a descubrir la presumible naturaleza astronómica del mensaje preservado en una singular marca de cantería, creció nuestro interés por estos signos labrados en los muros de los templos medievales. Si algo aprendimos es que hay lapidarios, que destacan por su singularidad y relativa complejidad, que contienen información sobre aspectos relativos a la disposición del trazado regulador. En la antigua tradición de la arquitectura sagrada todo está perfectamente estipulado y un templo, como espacio reservado para servir de morada a la divinidad, debía ser una perfecta representación del cosmos y, por lo tanto, al igual que sucede en la naturaleza, la relación entre las distintas partes que conforman el recinto sagrado y entre éstas y el conjunto debía responder a una serie de leyes muy concretas. En este sentido, y según se desprende de nuestro estudio, ciertos signos lapidarios son una fuente de información que nos puede ayudar a comprender mejor las motivaciones que impulsaban a aquellos «constructores de principios» de la Edad Media a buscar la perfección a través de sus obras y cuáles eran los métodos de los que servían para alcanzarla.

La orientación del templo del río Lobos no es la clásica. La cabecera no apunta al Este, sino que se encuentra desviada entre 23º y 23,5º al Norte. Como la iglesia se encuentra rodeada en gran parte de su perímetro por enormes cantiles, la cuestión de la orientación debió suponer un serio problema para el maestro arquitecto, cuyo objetivo era vincular el recinto sagrado, en forma de planta de cruz latina, con algún fenómeno astronómico relevante como es preceptivo en la tradición de la arquitectura sagrada. De confirmase nuestras sospechas, y a pesar de la agreste topografía, habría logrado su cometido con creces [1].

Aunque hay diversas teorías, desconocemos las razones por las cuales a partir de cierto momento durante la Edad Media los templos dejan de apuntar al Este para tomar otras direcciones, generalmente hacia el Noreste. Estas desviaciones respecto al eje natural Este-Oeste ocultan claves astronómicas que son propias de la ubicación de cada templo, como sucede en la catedral de Mallorca, donde la extraña inclinación de la nave mayor hacia el Sureste resulta esencial para que se produzca uno de esos milagros de la luz, que aún hoy en día no dejan de sorprendernos, característicos de las catedrales góticas [2]. En el templo del río Lobos también se produciría otros de esos juegos de luces de profundo significado astronómico. De forma similar a como sucede en la catedral de Chartres en el solsticio de verano [3], sólo que en lugar de una losa con una pluma grabada tenemos una estela en forma de cruz patada, el maestro constructor habría ideado un forma de computar el recorrido anual de Sol, transformado el templo en un artefacto que funciona como un auténtico reloj cuyos engranajes de piedra llevan siglos funcionando a pleno rendimiento.

Como hemos dicho, en el cañón del río Lobos, amén la compleja topografía del entorno, resolver la cuestión de la orientación debió suponer todo un reto para el maestro constructor que a buen seguro tuvo que recurrir a sus mejores conocimientos. Todo indica que lo habría conseguido, y por partida doble, logrando un notable efecto de luz. Según nuestros cálculos, en el solsticio de invierno los rayos solares que atraviesan el óculo acorazonado del transepto meridional se proyectan sobre una estela en forma de cruz patada conocida como la «losa de la salud» [4] de San Bartolomé, mientras que en los equinoccios hacen lo propio, sólo que ahora a través de una de las saeteras ubicadas en el ábside.

Otra de las cosas que más nos llamó la atención al realizar aquel trabajo fue un lapidario, en forma de pata de oca, que nos tuvo intrigados durante mucho tiempo. Nunca habíamos visto otro similar en ningún lugar, por lo que no podía tratarse de la marca que labró el mazonero que extrajo el bloque de piedra o la firma del artesano que escuadró después el sillar. Sin embargo, aunque intuíamos que ocultaba algún mensaje importante no lográbamos dar con su significado. Hasta que un día, en una de nuestras visitas a San Bartolomé, mientras lo contemplábamos por enésima vez nos percatamos de que su ubicación, grabado en uno de los repechos de una de las saeteras del ábside, era la pista que habíamos andando buscando: estaba señalando la fuente de luz, el punto por donde los rayos solares penetran en el interior del templo.

Al girarnos para mirar en dirección al crucero y a la «losa de la salud» el rompecabezas pareció resolverse en aquel preciso instante. ¿Cabía la posibilidad de que algún día del año los rayos solares que atraviesan la saetera pudiesen llegar a iluminar la «losa de la salud»? Fue en aquel momento cuando se nos ocurrió superponer la marca de cantería sobre la planta del templo. Descubrimos que si la colocábamos de manera que el cuadrado del lapidario coincidiera con el formado por el crucero, la pata de oca indicaba entonces la distancia que separa la «losa de la salud» de la saetera del ábside.

 

Figura 1. Lapidario en forma de pata de oca.

Figura 2. Lapidario esquematizado y superpuesto sobre la planta del templo.

 

Ya sólo quedaba comprobar si había algún día que la luz que atraviesa la saetera podía llegar a iluminar la losa de la salud situada en la capilla septentrional del transepto. Los tres puntos del extremo de la pata de oca nos hicieron pensar en el azimut de la latitud, es decir, la posición del Sol naciente en los solsticios de invierno y de verano. El punto central, de mayor tamaño que los otros dos, se correspondería entonces con la posición en los equinoccios, cuando se encuentra a mitad de su recorrido anual por el horizonte. Así pues, tras tomar las medidas necesarias y realizar los cálculos oportunos apostamos por los equinoccios. Los datos que obtuvimos indican que, efectivamente, durante los equinoccios, alrededor de las nueve y cuarto de la mañana, la luz que atraviesa la saetera incide sobre la «losa de la salud». Así pues, y a falta de una explicación mejor, el lapidario parece ser un boceto donde fueron preservadas claves astronómicas de este templo románico.

De ello se deduce que, en mayor o menor medida, algunos signos lapidarios contienen información relativa a los edificios donde fueron labrados, ya sea sobre aspectos astronómicos o bien relacionados con el arte de la construcción. Como indicamos en su día, «sabemos que los canteros tallaban en los sillares marcas que servían para identificar su trabajo. A pesar de que existen multitud de teorías sobre el significado de estos signos labrados en la piedra de los templos medievales, parece evidente que, con independencia de las posibles interpretaciones simbólicas, se trata de un lenguaje de orden geométrico cuya lectura puede aportar información sobre los principios de la Geometría Fabrorum que, al fin y al cabo, era la auténtica fuente de conocimientos de aquellos maestros de la escuadra y el compás. Si su ordenación tipológica y ubicación pueden ayudar a determinar la cronología de las diferentes fases constructivas de un edificio, también su estudio se puede abordar como si fuese un código revelado en función de los métodos empleados para realizar la proyección del mismo, un lenguaje secreto empleado por los gremios de constructores del que aún nos queda mucho por descubrir» [5].

Es aquí donde radicaría la importancia, desde un punto de vista geométrico, de algunos de estos signos labrados en la piedra, ya que podrían ayudarnos a conocer cómo surgieron los diseños que se encuentran en el origen de los módulos que fueron empleados en la proyección de los edificios en cuestión, puesto que «toda planta y estructura compositiva debe contener alguna forma geométrica premeditada, por lo tanto tan sólo nos resta tratar de encontrarla» [6]. Una vez descubierta esta trama geométrica, que es la expresión gráfica de las trazas, será posible determinar las fórmulas y los modelos empleados para levantar el edificio, lo que nos permitiría establecer una hipótesis sobre sus orígenes, historiografía y el nivel técnico de las soluciones incorporadas en su construcción [7].

 


[2] Hasta ahora nadie había podido aclarar dónde radicaba la razón de tan peculiar orientación, cuando era algo que estaba a la vista de todos desde hace siglos. A veces, de tan evidentes los verdaderos milagros suelen pasar completamente desapercibidos. En el caso de la catedral de Mallorca el eje de la nave mayor se prolonga en la misma dirección por donde sale el Sol en el solsticio de invierno. El día 22 de diciembre, cuando el Sol apenas se ha levantado 2º sobre el horizonte, los primeros rayos de luz que se filtran por las vidrieras del rosetón de la Capilla de la Trinidad se proyectan sobre los muros de poniente formado un caleidoscopio de intensos colores, para pocos minutos después salir por el óculo occidental, que lentamente se va iluminado, cual rosa mística tocada por la gracia divina, en la penumbra en la que se encuentra sumida la fachada oeste, todo un espectáculo para los sentidos y el espíritu.

[3] En la catedral de Chartres se produce un efecto de luz que atrae cada año a cientos de visitantes para contemplar el 21 de junio, cuando el Sol se sitúa en el cénit, cómo un rayo de luz atraviesa la vidriera de Saint Apollinaire para iluminar una espiga de metal adherida a un bloque de piedra señalando el solsticio y el inicio del verano.

[4] La «losa de la salud», como es conocida por las gentes del lugar, es una imagen más bien molesta para algunos porque suscita preguntas inadecuadas a causa de su simbología a toda luces templaria. Para otros es un elemento que despierta todo tipo de supersticiones que se creía erradicadas hace mucho tiempo del imaginario popular, como el culto a las piedras o la veneración por ciertos lugares que se cree son más propicios que otros para entrar en contacto con lo numinoso, regenerar la salud e incluso el alma. Cada año muchos son los que se acercan hasta el templo del río Lobos para cumplir con el preceptivo ritual de colocarse descalzos sobre esta «piedra milagrosa» y absorber la benéfica energía que supuestamente desprende. Como es natural, esto provoca reacciones encontradas entre los partidarios de unas y otras creencias lo que no hace sino aumentar el interés por este enclave soriano.

[6] Navarro Fajardo, Juan Carlos, Bóvedas góticas de la Catedral de Orihuela (Alicante). Revista EGA, nº 11 año 2006. p. 148.

[7] Como indica el profesor Ruiz de la Rosa, la expresión gráfica de las trazas, entendidas como esquemas geométricos, tiene su origen en la misma concepción del diseño arquitectónico. Surge como respuesta a la necesidad de elaborar un programa de organización espacial previo al desarrollo de la puesta en obra de un edificio, lo que permite el control de las diversas fases constructivas. Con el tiempo, el uso de estas operaciones geométricas pasó de ser una necesidad del diseño a convertirse en un requisito técnico a la vez que estético, y así fue cómo fueron incorporadas razones basadas en series de progresiones geométricas como las determinadas, en la gran mayoría de las ocasiones, por las raíces cuadradas de dos, tres y cinco y también por el uso de la sección áurea. Así pues, «la precisión conceptual y comunicativa de la geometría, su capacidad de definición de las formas planas y tridimensionales, de sus relaciones y combinaciones, ha estado presente desde los comienzos de la arquitectura como arte: la geometría es la base de toda articulación arquitectónica». Ruiz de la Rosa, José Antonio, Traza y simetría de la arquitectura en la antigüedad y medievo. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1987, p.18.

 

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