Las marcas de cantería en el contexto de la arquitecura medieval - Una nuevo tipo de signos lapidarios con las mismas características

Un nuevo tipo de signos lapidarios con las mismas características


De ser cierta la hipótesis del supuesto mensaje geométrico contenido en los lapidarios en forma de ballesta ésta no debería limitarse a un único tipo, por lo que nos pusimos a buscar más ejemplos que pudieran corroborar este punto. No tardamos en encontrar otros casos, entre ellos quizás el más significativo sea el de un lapidario en forma de lambda [19] que se encuentra en la iglesia de San Miguel de Foces, muy cerca del pueblo de Ibieca, en la provincia de Huesca.

 

 

 Figura 12. Lapidario en forma de lambda de San Miguel de Foces sobre la planta del templo [20].

 

Como se puede ver en la figura 12, al comparar el lapidario con las trazas del templo colocándolo de forma que el segmento se ajuste a la distancia entre el pie de la nave mayor y el centro del ábside entonces el arco indica la anchura de la misma, como habíamos observado con el gatillo de las ballestas, y lo más interesante: los dos puntos, que de entrada parecían hasta cierto punto del todo irrelevantes, señalan el cruce de naves situándose sobre el eje longitudinal del transepto, de lo que se deduce que ésta debió ser una razón dotada de un profundo significado para el maestro arquitecto, ya que vincula dos de los centros sagrados por excelencia de un templo: el cruce de naves y el centro del ábside. Veamos pues qué nos dicen al respecto las proporciones de este lapidario.

 

Figura 13. Las razones áureas del lapidario en forma de lambda de San Miguel de Foces.

 

Al dividir la longitud total del lapidario (AB) entre el segmento que va desde su extremo inferior hasta los dos puntos (AC) obtenemos un cociente muy cercano a 1,6; o lo que es lo mismo, la media y extrema razón de ese segmento, también conocida como sección áurea. Por si cabía alguna duda sobre cuál fue la intención del autor de este lapidario, si tomamos ahora el segmento correspondiente a la sección áurea (AC) y buscamos de nuevo su media y extrema razón tendremos el segmento (AD), que es justamente de donde parte el arco.

No cabe duda que este lapidario en forma de lambda es la formulación geométrica de una las proporciones más apreciadas en la tradición de la arquitectura sagrada: la sección áurea. El arquitecto de San Miguel de Foces puso especial cuidado en que ésta fuese la razón que vinculase el cruce de naves con el centro del ábside, y parece ser que también quiso dejar constancia de tal operación trasladando esas mismas proporciones aun signo grabado en la piedra.

Así pues, el análisis comparado arrojaba nuevas correspondencias interesantes sobre las estructuras geométricas de los lapidarios en forma de lambda. Y además basado en proporciones notables, tal y como era de esperar si estábamos en lo cierto respecto a los paralelismos que habíamos observado en los lapidarios en forma de ballesta. Todo indicaba que más allá de simples casualidades estábamos ante un patrón que vinculaba de alguna forma el diseño de las marcas de cantero estudiadas con los sistemas de proporciones presentes en las construcciones donde se encuentran grabadas.

Aún hay un detalle del lapidario en forma de lambda de San Miguel de Foces que nos servirá para ilustrar hasta qué punto son importantes las particularidades de su diseño. Para indicar la sección áurea del segmento mayor hubiera bastado con cualquier tipo de señal, pero entonces ¿por qué utilizar dos puntos? ¿Y por qué separados a esa distancia? Era evidente que algo se nos había pasado por alto. Estudiando la forma geométrica de obtener estos dos puntos nos dimos cuenta que la solución pasaba por los magníficos arcos peraltados del templo.

Básicamente hay dos tipos de arcos: los circulares y los que no lo son. En función del número de centros que se necesitan para obtener la curva del intradós el primer factor que determina su diseño es el diámetro, denominado luz, cuya prolongación suele coincidir con la línea de la imposta; y el segundo es la denominada flecha, o distancia del centro de la luz a la clave del arco. El intradós puede ser un semicírculo, como en el caso de las bóvedas románicas de medio punto, o bien puede estar formado por la intersección de dos semicírculos, como ocurre en los arcos de herradura.

En los arcos que se obtienen a partir de dos centros, la intersección de los semicírculos forma la figura de una vesica piscis, por lo que resulta determinante la distancia a la que se encuentran los centros de ambos radios respecto a la flecha del arco, ya que de ello depende cuan apuntado será el intradós.

 

Figura 14. Arcos obtenidos a partir de dos centros: peraltado y tumido.

 

Entre los arcos que se obtienen a partir de dos centros están los arcos peraltados, de gran difusión durante la época en que el románico fue dando paso al gótico, como es el caso de los arcos torales y formeros de la iglesia de San Miguel de Foces. Si nos fijamos con atención en la figura 15 veremos que si colocamos el lapidario de forma que su longitud coincida con la altura de los mismos los dos puntos señalan entonces el centro de sendos círculos (puntos a y a') cuyos radios (ab y a’b) dibujan los semicírculos que sirven para trazar el intradós a partir de la línea de imposta (ed) de donde arrancan las bóvedas.

 

Figura 15. Lapidario en forma de lambda de proporciones áureas y diseño de los arcos peraltados de San Miguel de Foces

 

Un resultado sorprendente. Además de las correspondencias de las forma del lapidario con la planta del templo sumamos las relativas al alzado y la estereotomía de los arcos peraltados [21]. Los dos puntos, que parecían haber sido grabados de forma caprichosa, resultan claves cuando se estudian sus proporciones en función de la planimetría del templo, claro indicio de la presencia de una cuidadosa planificación geométrica. Si estas razones además se comparan con las trazas del templo aparecen analogías significativas que, en este caso, nos descubren las claves áureas de las operaciones empleadas para establecer las trazas y el alzado, pero también el diseño de los arcos; un buen ejemplo de coherencia estructural que está garantizada por un sistema de proporciones basado en una misma razón que sirve para establecer la modularidad del conjunto arquitectónico.

Cada vez se hacía más evidente que existía un vínculo entre los lapidarios estudiados y las proporciones de los templos donde fueron grabados, y que este nexo era de orden geométrico, por lo que decidimos continuar en esta línea..

 


 

[19] Su diseño recuerda la forma de la letra griega lambda aunque el segmento del lapidario que debería corresponderse con el «asta» de la grafía no está inclinado y la «pierna» es un arco en lugar de un segmento recto.

[20] Ermita de San Miguel de Foces. Plano de E. Lamolla. Publicado en el Catálogo Monumental de España de Ricardo del Arco y Garay, 1942.

[21] El diseño del lapidario se puede expresar algebraicamente mediante una progresión del tipo 1, 1/n, (1/n)/n…, donde los términos pueden ser sustituidos por operaciones sobre el plano que se traducen en el terreno, una vez aplicado el correspondiente factor de escala, en la composición de las trazas del edificio.

 

Safe Creative #1204031416369 Las marcas de cantería en el contexto de la arquitecura medieval - (c) - Rafael Fuster Ruiz y Jordi Aguadé Torrell

 

 

 

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